
Me siento aprisionado, marchitado y arrinconado
tras la armonía de una bella canción
que me emboba a la sazón
desde la alegre habitación de al lado.
Me siento manchado y lleno de barro
y mis recuerdos, que son un montón
perviven tristes y almacenados en un resistente cajón
en donde nada es puro, tampoco es deseado.
Por eso el sino de este evento
que nada deseo a quien lo lea
no es si no el azar y el latir del viento.
Y es entonces, cuando sube la marea,
antes de terminar esto, que no es un soneto,
cuando ruge el raciocinio y la verborrea.
Cuando siento lo que digo y digo lo que siento
y los vientos se menean
y me veo, al fin... en un inesperado cielo.



