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viernes, 4 de julio de 2008

DEL QUEBRANTO A UN CIELO INESPERADO




Me siento aprisionado, marchitado y arrinconado


tras la armonía de una bella canción


que me emboba a la sazón


desde la alegre habitación de al lado.



Me siento manchado y lleno de barro


y mis recuerdos, que son un montón


perviven tristes y almacenados en un resistente cajón


en donde nada es puro, tampoco es deseado.



Por eso el sino de este evento


que nada deseo a quien lo lea


no es si no el azar y el latir del viento.



Y es entonces, cuando sube la marea,


antes de terminar esto, que no es un soneto,


cuando ruge el raciocinio y la verborrea.



Cuando siento lo que digo y digo lo que siento


y los vientos se menean


y me veo, al fin... en un inesperado cielo.


martes, 27 de noviembre de 2007

RETAZOS DE UNA MUERTE EFÍMERA


Manchas teñidas de un rojo

como la luz

que penetra en mi quirófano;

apenas una hora antes llegas tú

haciendo gala de tu brillante guadaña

espeluznante y atroz

desmesurada

y desciendo a través de tu luz blanca

como esclavo de tus garras

abruptamente me despido

un pozo interminable me traga

con violencia

y con finura

miles de recuerdos que resuenan

precipitados por un abismo

infinito y raudo
acelerado

como fuertes bofetadas

teñidas como de sepia

como dardos envenenados
endemoniados

que se agolpan con virulencia

que me asolan sin respuesta

que me aturden con tristeza

que me atrapan

y que me recuerdan

que no hay nada que vuelva

que ya es el momento

que ya no hay espera.







Y estrepitosamente caigo

sobre un silencio incómodo

cuando todo se evapora

lenta y suavemente

como un sueño

que se desvanece

haciendo sordo al presente.

Apenas oigo ya nada

sólo en mí resuena

con calma exagerada

como un tambor de esperanza

el eco de tu alma.

lunes, 19 de noviembre de 2007

UN SUEÑO QUE ME ENSEÑÓ


Me desperté un día en una dantesca escena

un terremoto había despertado a mi ciudad

no había almas por las calles,

apenas mis zancadas resonaban en el solar

cientos de amigos...

a ninguno podía encontrar.



Corrí descalzo, presa de espanto

y grité con fuerza

sin nadie para escuchar.

Todo estaba desierto,

poco oxígeno que respirar

una luz tenue

mucha ansiedad



Corrí muchas manzanas

entré a todos los portales

grité con fuerza

sin nadie para escuchar

una luz ocre

nada que esperar


el móvil no funcionaba

mis gritos eran mansos;

se dispersaban...

en la muerta ciudad.


Me desperté entonces en otra escena

podía respirar

había gente

no tenía que gritar

y ahora que respiro

y que puedo meditar

me pongo manos a la obra

que al planeta hay que salvar