
jueves, 8 de octubre de 2009
EL LABERINTO DE GUSTAVO

miércoles, 16 de septiembre de 2009
SECUESTRADO POR LA VIDA EFÍMERA EN UNA HABITACIÓN AZUL
martes, 24 de marzo de 2009
LOS VERSOS QUE GUSTAVO SIEMPRE QUERRÁ RECORDAR
El jaleo que tenía en su cabeza estaba adquiriendo una forma determinada, aunque quizás el resultado tuviera una forma de vacío inesperado, nada que ver con lo que hubiera deseado. El minutero de la vida giraba y giraba mientras nada de lo que vivía conseguía llenar ese hueco. En un pueblo perdido tomaba té y hacía un gurruño del papel que escribía con borrones. Después de tanto tiempo en que no me había necesitado, decidía ahora llamarme, y bajo nuestro código telepático entendía la urgencia de mi presencia y me plantaba en aquel valle asturiano, pidiéndole si me dejaba leer el papel engurruñado.
a
- A la Lucy, Abismo, ya sabes.
- ¿Qué te ocurre ahora con ella? -le pregunté, a pesar de que lo sabía todo.
- Me vine al campo, a meditar, a saber lo que realmente quería, a conocer la salud de mi enamoramiento por ella.
- Inteligente decisión -le apunté. ¿Y descubriste algo nuevo?
Se quedó pensativo unos instantes.
- Sí -hizo una breve pausa-. Quizás -añadió.
- Cuéntame, Gustavo, cuéntame.
a
a
Gustavo se acomodó en la silla, miró a lo alto y empezó a hablar pausadamente.
- Hay días en los que me levanto contento - explicó-. Me dirijo temprano a ayudar a mis vecinos a ordeñar las vacas. Voy feliz a hacerlo. Hablo con ellos y no me acuerdo de nada más, no me aqueja ningún problema, me siento bien conmigo mismo, sonrío a todo lo que me ocurre. Pero, de pronto, se me queda la mente en blanco y me echo las manos a la cabeza. Empiezo a echarla de menos, mucho, la imagino mimosa tumbada conmigo en el sofá, rebosante de ternura, cariñosa, compartiendo una cena conmigo. Mis vecinos me preguntan si me pasa algo y no les contesto nada, me quedo como ausente. Después vengo a esta mesa, tomo un papel y un bolígrafo, y escribo todo lo que siento por ella, descargo todos mis pensamientos en el papel y encuentro un alivio con ello. Pero al final, no me queda claro nada, me invade la confusión. Destruyo el papel y me voy al bar, con cierta agitación. Allí no me acuerdo de ella, en absoluto, me río, charlo con todo el mundo, me siento libre y despreocupado. Con la resaca del día siguiente, a pesar de todo, me levanto contento y me voy de nuevo a ordeñar las vacas. El acontecimiento se vuelve a repetir.
- Prueba a no ir al bar -le dije.
- A veces necesito no pensar en nada, vivir el momento nada más, evadirme de lo que me aqueja, disfrutar despreocupado con las conversaciones de la gente, parece que necesito hacerlo, Abismo.
- ¿Y por qué te has venido tan lejos? -le pregunté.
- Porque aquí me doy cuenta si de verdad la necesito o si todo es fruto de un capricho, y aquí no la tengo cerca para estar dándola mimos un día y mareándola al día siguiente. Aquí descubriré cuánto hay de real en mi enamoramiento.
- ¿Y cuánto crees que hay de irreal?
- Mucho. Acabo de romper la carta que le escribía. Me acabo de dar cuenta otra vez que no. Pienso ahora en todo lo que dudaba cuando estaba con ella, la imagino comportándose de la misma manera conmigo, cuando se ponía histérica y perdía los estribos fruto de sus manías. Imagino de nuevo volver a lo mismo, y no quiero.
- Y ese poco, ¿a qué se refiere?
- No sé. Cuando estaba esta mañana ordeñando a las vacas... No sé. Me viene a la cabeza la idea de hacer un hogar con ella, un hogar cálido, con niños, con amor, me imagino viviendo feliz con ella.
- Continúa unos días más en este pueblo -le dije-. Pero no vayas tanto a los bares. No hagas un gurruño del papel cuando pienses haber terminado de escribir. Guarda el papel junto a los demás. Y no los releas hasta pasado un tiempo. En vez de ir al bar, escribe sobre tus momentos de despreocupación, frivolidad y libertad. Cuando hayas hecho esto durante varias semanas, vendré a verte nuevamente. Sabrás decirme qué decisión has tomado y tu vacío se habrá llenado con el poso de haber elegido en la vida lo que realmente querías. No te preocupes, el tiempo te dará la clave.
Gustavo se levantó de la silla, deambuló por la habitación de un lado para otro y finalmente me dijo:
a
- Gracias, Abismo. Continuaré escribiendo cartas de amor que no llegarán a su destino, continuaré madurando mis ideas, continuaré en este pueblo hasta que me dé cuenta de todo. Pero ahora, me apetece escribir algo.
a
- Hazlo, le dije, no lo dudes.
a
- Hazme un favor, Abismo.
a
- El que quieras, ya lo sabes.
a
- Voy a escribir una poesía - me dijo- y quiero que me la guardes, que la tengas para siempre guardada, que me la recuerdes cuando más lo necesite.
a
- Adelante -le dije.
a
Gustavo tomó otro papel y empezó a escribir de carrerilla:
a
"Fin de un romance largo.
Transición hacia no sé bien dónde.
Me quedo desnudo y libre de cargas, ligero como un avión de cartulina.
Mis alas siguen intactas, desean abrirse con elegancia.
Retornará la pasión y lo emocionante en el momento menos esperado
mientras continuaré mi camino alejándome de su espesura.
Sólo así me sentiré libre y despierto.
a
Un nuevo camino se abre.
Se acabaron las postales en torno a la ermita
y la luna llena ya no será lo mismo,
el cariño oriundo de un valle acogedor,
la fe depositada en un futuro nunca existente
los besos salados y las lágrimas esparcidas por la piel que te abrazaba como una rosca.
a
Se acaba un romance largo
Ella se divierte
Yo... hago lo mismo
¿Qué siento?, me pregunto reiteradamente.
Preparo mi vuelo no sé bien hacia dónde
cierro mis ojos y sonrío al sol placentero
Es primavera, pienso.
La libertad me regalará los mejores momentos"
A
- Guárdalo -me dijo seriamente.
a
- Bonitos versos. No los olvides -le dije, con cierta ternura.
a
- Te los doy para que siempre me los puedas recordar. No quiero socavarme bajo tierra en los momentos bajos con ideas sobre el amor que pudo o que no pudo ser, no quiero hundirme creyendo ideas equívocas que me consideren desdichado. Quiero que esta poesía me recuerde siempre que soy un ser libre, que nunca más me enrredaré en histéricas discusiones sin sentido, que nunca pensaré que estuve equivocado, que la libertad es el don más grande que tenemos. Quiero que siempre me recuerdes que mi camino habrá quedado para siempre libre de estupideces y de tonterías, que mi camino estará siempre abierto a las emociones de verdad.
a
- Lo haré, Gustavo.
a
Y me marché de súbito, con el papel de la poesía en la mano. Pensé que sería el antídoto contra sus momentos de flaqueza. No necesitaba estar más allí. Su mensaje era esperanzador. La libertad sería su arma infalible contra toda queja vital. Al verle así, sentí que se estaba curando, que adquiría armas para seguir adelante. Sus ojos me habían enseñado que no se había dormido, que continuaba luchando. Quedaba claro que no había futuro con la Lucy. También que Gustavo se iría encontrando mejor, poco a poco.
a
a
a
A los diez días de aquel encuentro, Gustavo retornó a la ciudad. Había repuesto sus fuerzas; sus alas aleteaban con más virulencia. Durante un tiempo no me llamó. No volvería a tener ninguna duda sentimental hasta pasado un tiempo. Pero eso ya es otra historia. Llegaron tiempos de calma, de cierta estabilidad emocional. Por el momento, vivía frenéticamente y no me necesitaba. Se sentía feliz, en calma.
lunes, 31 de marzo de 2008
DESOLACIÓN (EL RETORNO DE GUSTAVO)

viernes, 22 de febrero de 2008
¿ECTO QUÉ?
La explosión de júbilo fue tal que la cabeza de Gustavo chocó contra la lámpara, aunque el resultado fue inocuo. Lucía estaba pálida a la par que murmuraba expresiones de alborozo. "Por fin, Lucía. Lo hemos conseguido", le decía a ella cariñosamente, acariciándole la mejilla. Y se abalanzaron en abrazos estremecedores, en una pasión desbordada que les llevó a hacer el amor allí mismo, en el sofá, con un televisor inanimado de fondo que no les distraía.
Al día siguiente, me encontré a Gustavo. Salía de la Filmoteca Nacional.
- ¿Qué película has visto? -le pregunté.
- "Marta y alrededores", una película del 99 en la que participó una amiga mía.
- ¿Qué amiga, Gustavo?
- Se llama María José Millán, trabajamos juntos en el archivo de un hospital. ¿Sabes?
- ¿El qué, Gustavo?
- Lucía está embarazada -me dijo ilusionado-
- ¡Enhorabuena! -exclamé-. Ahora por fin serás padre.
- ¿Dudas?
- Mala suerte -les anunció-. Estamos ante un caso de embarazo ectópico.
- ¡¿Ecto qué?! -exclamó Gustavo, agarrándose firmemente a los brazos de la silla.
- Tranquilo, cálmese, yo les explico.
El doctor les habló de lo que también se conoce como embarazo abdominal, tubárico o cervical, un embarazo ocurrido fuera del útero causado frecuentemente por una afección que obstruye o retarda el paso de un óvulo fecundado, a través de las trompas de Falopio, hacia el útero, posiblemente causado por una obstrucción física en la trompa.
Por un tiempo, Gustavo y Lucía aminoraron sus deseos de ser padres y decidieron darse un tiempo para darse cuenta del alcance de esos deseos, con serias intenciones de exprimir la juventud que la vida les brindaba, repleta de energía y bajo una fuerza del amor que con el tiempo se propondría cimentar las bases de lo que todavía compartían. Los días transcurrirían entre el nirvana y la autoconvicción, disfrutando el eterno momento, flotando y volando hasta que las dudas retornasen de nuevo, esta vez con otro ímpetu aunque con una potente creencia en uno mismo y en el otro, capaz de decidir cualquier contienda. La felicidad volvía a su agenda.
En otro orden de cosas, aprovecho para felicitar a mi hermano y a mi cuñada, a la espera todos de que nazca Mencía o Pablo. Mucho cariño para ellos.
lunes, 14 de enero de 2008
CORAZONES ARTIFICIALES, CORAZONES ETERNOS

- ¿Has oído, Abismo? Corazones artificiales, corazones hechos de tejidos de roedores.
- Sí -le decía yo, traspasando a la muchedumbre mientras irradiaba a mi paso derroches de energía abismal con los que contagiaba a los peatones-. El futuro ya está aquí, Gustavo, bienvenido.
- Pero es que es alucinante, Abismo - alargando el alucinaaaaante. Y lo repetía dirigiéndose a los que le observaban-
NOTA: El trasplante de corazones artificiales es una posibilidad teórica en cirugía cardiovascular, pero la generación de un órgano de ese tipo no es fácil ya que requiere reproducir la arquitectura cardíaca, que existan los componentes celulares adecuados y funcione la actividad de bombeo. No obstante, un experimento de la Universidad de Minnesota ha dado buenos resultados tras comprobar que tejidos de células de ratas muertas y vivas se podían combinar y producir en incubación órganos que funcionan exactamente igual que un corazón, contrayéndose y bombeando. Todo un hallazgo. Pero si será posible construir humanos que no enfermen, ¿qué será de todo esto?. Atisben, atisben, no se corten.
sábado, 1 de diciembre de 2007
GUSTAVO, UNA REFLEXIÓN DE LA AMISTAD
.jpg)
domingo, 18 de noviembre de 2007
SILENCIO, QUIETUD, VUELO

lunes, 12 de noviembre de 2007
EL LAGO DE GUSTAVO

martes, 6 de noviembre de 2007
AMORES Y NEBLINAS

viernes, 19 de octubre de 2007
¿MUERTO DE AMOR?
Silencio. Ahora mismo todo está en silencio. Apenas se dejan oír las teclas cuando las golpeo para escribir. Un pensamiento me ronda por la cabeza, me machaca. ¿Se habrá muerto de amor Gustavo?. Hoy no le he visto. Nadie le ha visto. Parece como si hubiera desaparecido, como si hubiera abandonado. No sé.
Aunque quizás haya muerto de amor. Reflexiono. Su desconsolada mirada del otro día, cuando le vi por última vez, sentado en la barra de un antro de Carabanchel, me da para pensar que su vida, ese día, tenía que cambiar. Me hablaba de Lucía, su Lucy: "A mí la Lucy me tiene loco. No sé qué hacer, de verdad. He llegado a caer en la más absoluta de las soledades cuando estoy con ella. Realmente estoy solo cuando estoy con ella". Yo absorbí de un golpe todo cuanto quedaba de mi cuarta o quinta cerveza. Me quedé pensativo mirándole, haciendole un gesto cómplice con mi boca y con mi mirada. Le pregunté entonces, después de apoyarle mi mano derecha sobre su hombro izquierdo: "¿No será que te esté engañando?". "¡Qué va!. No es eso, para nada", me contestó Gustavo, con rotundidad -y haciendo un gesto indicativo de mi falta de cordura-. "¿Entonces qué es?", le pregunté. "Otra cosa, Abismo, es otra cosa". Insistí.
Me contestó, ante mi perplejidad, que Lucía, su Lucy, hablaba con los tiestos de las plantas y que él lo hacía con las plantas mismas y que no entendía cómo se podía hablar con los tiestos de las plantas. No lo entendía para nada, decía. Su vesánico comportamiento, continuaba, en realidad se debía a que Lucía había dejado de ser la Lucía que había conocido tiempo atrás. O quizás, dijo, que fuera él mismo quien había dejado de ser el mismo que era, pero que él siempre había hablado con las plantas mismas, y nunca con los tiestos. Yo le pregunté que si Lucía, en realidad, no era un tiesto en sí mismo. Y él me contestó, sin dudarlo lo más mínimo que "para nada", aunque luego, acto seguido, dudó. Y me miró desconsolado, afligido. Y entonces se marchó. Por la puerta de ese antro de Carabanchel, mi amigo Gustavo marchó, sin mediar palabra, muerto quizás de amor. Y desde entonces no sé nada de él.

















