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viernes, 23 de mayo de 2008

CITAS TÁCITAS VOL. VI. (REFLEXIONES DE MI LIBRO DE MESILLA)


"Cuando el jardín de la memoria comienza a secarse, uno tiembla con amor por los últimos árboles y rosales que le quedan. Los riego y los acaricio de la mañana a la noche para que no se sequen: ¡recuerdo, recuerdo que no quiero olvidar!"


Orhan Pamuk, "El Libro Negro"


"Entonces... llamaré amargamente a una amante lejana: Querida, preciosa mía, mi triste, ha llegado el momento de la gran catástrofe, ven a mí, ven dondequiera que estés, sea en un despacho lleno de humo, o en la cocina que apesta a cebolla de una casa que huele a colada, o en un revuelto dormitorio azul, ven dondequiera que estés, ha llegado el momento, ven a mí; ha llegado el momento de que esperemos la muerte abrazándonos con todas nuestras fuerzas en el silencio de una habitación en penumbra porque hemos echado las cortinas para olvidar la terrible catástrofe que se acerca."


Orhan Pamuk, "El Libro Negro"

martes, 15 de abril de 2008

REFLEXIONES EMANADAS DEL LIBRO DE MI MESILLA


Dice Milan Kundera en la maravillosa La insoportable levedad del ser: coincidencia es la ocurrencia de dos sucesos inesperados al mismo tiempo. Llamamos coincidencia a dos sucesos improbables y no dependientes el uno del otro que suceden a la vez. Esta es la casualidad que, por inesperada, nos lleva a pensar que es causal el suceso que se nos presenta, con lo que le atribuimos una importancia exagerada e intentamos buscar una explicación lógica que ficcionamos, para que por más inesperada que sea la casualidad, más importancia otorguemos al suceso hasta el punto de hacer de ello un dogma y establecer explicaciones irreales a lo que nos sucede. Así, uno piensa que la fuerza del amor le llevó a encontrar a su amada, cuando simplemente fueron varias las casualidades que, por no ser esperadas, le llevaron al altar. Intentamos dar a nuestras vidas grandes explicaciones que fundamenten nuestros complejos o nuestros temores, intentamos hacer abismal lo más ínfimo de lo que nos concierne y otorgamos a las cosas un valor del que a menudo carecen. Intentamos dar un peso a la levedad que nos es inherente y nos aferramos más a una carga que a una pasajera brisa tenue, nos engañamos. Buscamos el apego innecesario y nos cargamos a nuestras espaldas de pesadas materias superfluas, buscamos lo que no tenemos, y ocurre que nos equivocamos. Pero ocurre que solemos no darnos cuenta de estos errores porque nuestras verdades iniciales son dogmas y a ellos nos debemos. Ocurre también que renegamos de los gratos momentos de la levedad y nos aferramos a una quimera.

jueves, 22 de noviembre de 2007

KAFKA EN LA ORILLA (DE HARUKI MURAKAMI)


Un niño japonés, en el mismo día en que cumple quince años emprende el plan que lleva tiempo atrás meditando (en realidad su vida ha estado enfocada a ese plan siempre): marcharse de casa. Y lo hace rumbo a una ciudad que desconoce por completo (para que nadie pueda encontrarle), Takamatsu, de la que apenas sabe que dispone de una biblioteca, y con pocos bultos consigo. Lo hace sin dejar ninguna nota. Atrás deja a un padre al que no quiere. Su madre, cuando él tenía cuatro años, le abandonó, llevándose a su hermana.
Su única intención es hacerse cada vez más fuerte, prepararse para la vida (es un niño muy maduro), alimentarse correctamente, hacer ejercicio y leer mucho. Así terminará por ser el humano más fuerte donde los haya. Su irreal amigo Cuervo, quien pudiera ser realmente su alter ego, que aparece en los momentos más difíciles dándole su consejo, le recuerda, cada vez, que efectivamente se está convirtiendo en un auténtico hombre fuerte y maduro. Cree que será mejor refugiarse en una biblioteca, donde pueda pasar más inadvertido y es en este lugar donde se van a suceder las escenas más inverosímiles, compartidas tanto con el encargado de la clientela, el entrañable y asertivo Oshima, como con la dueña de la biblioteca, la majestuosa y misteriosa señora Saeki.


La relación que surge con esta mujer es de una naturaleza embriagadora, sutil, realmente mágica. ¿cómo puede surgir una relación de amor entre dos personas a los que les separan cuarenta años?. De forma mágica. Pero no es sólo una relación de amor la que surge entre estos dos personajes. Lo demás, lo tienes que leer. No te puedo desvelar el gran secreto del libro. Pero la historia no solo discurre en la biblioteca, al margen de los pasajes en los que el protagonista se ve exiliado en la soledad de un bosque lleno de encanto (es una maravilla cómo puede llegar a enganchar la escritura de este mágico Murakami que hasta hace bellos los momentos en que el protagonista está solo en el bosque, no haciendo nada, a lo sumo dedicándose a explorarlo), porque en la distancia, en el distrito de Nakano de la fascinante Tokyo, un personaje llamado Nakata, que habla con los gatos (es simplemente una maravilla las relaciones que mantiene con los gatos callejeros), y que al margen de una pensión que como él dice le da el gobernador de una forma personal, se dedica a buscar gatos extraviados para las señoronas de su barrio, quienes le compensan con buenos jornales. Este personaje, que no sabe leer, y que parece sacado de los personajes de la película Los Idiotas, de Lars von Trier, es un personaje entrañable donde los haya, de aquellos con los que cualquiera se encariña, y que fruto de un hechizo que le persigue (incluso con lluvias de sardinas que él mismo produce como por telepatía), y apoyado por una "piedra de la entrada" que es como una piedra filosofal, al estilo del más grande personaje de la multimillonaria Rowling (la creadora de Harry Potter, que así sí se conoce mejor) se acabará cruzando con el protagonista.

Y al margen de algún otro personaje afectuoso y amigable donde los haya, como el valiente Hoshino, camionero con ganas de una aventura pasajera, como si satisfaciese el deseo de muchos burgueses de hoy en día, faltos de emociones vivas en sus rutinarios días, o algún otro con menos protagonismo, el resto de la historia ha de escapar a esta enrrollada sinopsis, con la idea de no llevarte al desencanto que produciría el que te lo adelantara. Te va a encantar si te gusta Murakami en su lado más "realista mágico". Esas frases cortas y sencillas pero cargadas de filosofía. Un libro tranquilo, de lectura muy fácil, que aconseja una vida sana, marcada por la meditación, por saber estar a gusto uno consigo mismo, pero cargada de misterios, de laberintos, de duras verdades. Estas sensaciones se suceden de una forma mágica (siento repetirme con esta palabra pero ¿qué otra lo describe mejor?) en el que lo lee. Me encantaría reproducir un texto que para mí está cargado de..., de seducción, de encanto, de fascinación y es el momento en que por primera vez hay algo más que un contacto entre el personaje, Kafka, y la señora Saeki, pero me llevaría mucho tiempo reproducirlo (son dos o tres páginas que sobrecogen y que describen una escena sexual elocuente y sencilla al mismo tiempo).


Tampoco hay que olvidar el simbolismo del cuadro que da título al libro. Ni el complejo de Edipo que rodea al personaje. Hay misterio siempre en este libro, pero está resuelto de una forma genial, sin hacer alardes con el lenguaje. En mi modesta opinión, una obra maestra, aunque pudieran denotarse unas posibles prisas del autor para terminarlo, quizás apremiadas por la avaricia de la editorial, quien sabe; un escritor entre los grandes asiáticos contemporáneos. De lo mejorcito que ha llegado a mis manos últimamente. Por cierto, a quien le guste, hay un verdadero tinte manga en algunos pasajes o en algún que otro personaje, como el liguecillo que se echa Kafka para materializar sus instintos sexuales. Y todo el libro es un círculo que se va cerrando hasta llegar a un clímax total, en el que todo tenía un sentido. Muy aconsejable, abismo.