domingo, 1 de febrero de 2009

HOY ME LEVANTÉ SIN SABER QUIÉN ERA


Hoy me levanté sin saber quién era. No recordaba nada de la noche anterior. Me encontraba ausente y no me reconocía en el espejo, extrañaba todas mis cosas y hasta mi misma casa. Me levanté sin saber quién era y me lancé precipitadamente a la calle, para obtener una respuesta.
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Por las calles que me sonaban, nadie me saludaba, a nadie reconocía, ninguna respuesta encontraba en sus miradas perdidas. Todo me resultaba indiferente, nada suscitaba en mí una respuesta concreta, no encontraba ningún estímulo que respondiera a mi confusión opaca. Continuaba dubitativo, deambulando por calles desamparadas con la duda como única guía de mi camino existencial, invadiéndome una rotunda y aplastante sensación de extrañeza. Decidí adentrarme en el primer bar que encontré, un sórdido lugar de neones tristes que alumbraban las pálidas caras de sus bebedores incomprendidos. No sabía qué pedirme, no recordaba mis gustos, dudaba de lo que solía pedir habitualmente, en realidad sólo me preocupaba saber quién diantres era, quién.
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Una mujer, vestida de negro, en la barra, observo que bebe un licor verde, con hielo. Me pido lo mismo, mientras continúo buscando una respuesta que me venga dada por la contemplación, por la quietud de aquella escena de bar. Un hombre trajeado y elegante se acerca a la mujer, se sienta a su lado y le coge de la mano. Mi mirada, ausente, se queda perpleja. Escucho al hombre decirle... "Llegaremos a ese lugar, no dejes de soñar". En mi cabeza, asocio un lugar, la frase toma fuerza en su interior, se hace sugerente, desencadenante. Me llegan los recuerdos, uno a uno, como fogonazos encadenados, uno detrás de otro. Son mis primeros recuerdos, todos engarzados, empiezo a entender quién soy, a obtener una respuesta, por fin. Recuerdo que dije esa frase, la dije anoche, a una mujer que recuerdo especial, no recuerdo su nombre, no recuerdo cómo era, algo recuerdo. Los pensamientos adquieren forma, se engarzan como las piezas de un tetris automático, voy recordando más, nuevas imágenes, nuevas escenas que tenía borradas, lo recuerdo todo, recuerdo que ayer me ilusioné. Una sonrisa entusiasmada sucede en mi gesto que se recompone.
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Ahora sí, por fin, ya sé quién soy, no me caben más dudas. Dejo el licor a medias y me marcho a dormir, otra vez, ahora a media tarde. Sí, por fin, creo que tengo mi duda resuelta, siento que me invaden unas relajadas ganas de soñar plácidamente, que me recibe la esperanza con una palmada en mi espalda atascada por el humo de los cigarros, que una calma me rodea, que me siento más tranquilo. Otra vez, de nuevo, apago la luz, ahora convencido, ilusionado, esperanzado. La calma me transporta hacia un paraíso de sueños que son recuerdos.