domingo, 14 de marzo de 2010

LO ÍNFIMO Y LO ABISMAL DE UN SIMPLE DIENTE

Hace un par de meses se me cayó un diente, o lo que es lo mismo, y haciendo honor al nombre de este humilde blog, una ínfima pieza de importancia abismal.

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En realidad, no era ni eso y sí una corona que ocupaba una posición gafada en mi mapa mandibular, fruto de sufrir percances mayores, y olvidados, en el pasado y que, hoy en día, siente un vacío absoluto y queda a la espera de que se cumpla la condena de tres meses y un día, al final de la cual el terreno herido de la encía solidificará y quedará preparado para la ulterior perforación de los cimientos de un implante que pondrá las cosas en su sitio. Implante, creo que esta es la palabra por la que los odontólogos, sin duda, hinchan sus cuentas bancarias. ¿Cómo puede costar tanto una ínfima cosa?, ¿cómo se ha de pagar más de un mes de mi sueldo como madrugador a diario por una diminuta pieza que ni siquiera es de marfil? Por algo que, además, nos fue dado por la Madre Naturaleza de forma gratuita y altruista.

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Ahora no pienso más que en ocupar el espacio vacío que dejó esta insignificante cosa dentro de la grandiosidad universal, para lo que he de soltar una pasta gansa justificativa de lo importante que es para nosotros una sonrisa sin complejos. Menos mal que no es una de las piezas delanteras, aunque bien hubiera podido ser una recóndita muela y, sin embargo, se trata de un premolar que antes lucía su figura salvaguardado por su compañero vampiresco y ahora le ha dejado expuesto a la extrañeza de las demás miradas que se sienten heridas por el golpe atestado a los cánones de belleza, quién sabe por quién inventados, aunque, sin duda alguna, existentes.

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Dejaré de lado otras prioridades, como el armario de mi casa reformada, que no llegó y que hoy en día, y de manera paralela y anexa al suelo, consiste en dos maletas de distintos tamaños. Porque pensé que podría seguir agachándome a diario si, cada mañana, volvía a sonreír con naturalidad. E insistí en el propósito de no concurrir, por dejadez, en un abandono de mí mismo, para querer tomar otra dirección de la que tomaron aquellos que no pudieron remendar el accidente en el momento concreto, cuando el impacto todavía sonaba en eco, y después, como en un recuerdo, el estrépito dio lugar a una melodía amarga que se posó en ellos como un parásito que ahora les dejaba un gesto decadente y, al mismo tiempo, natural.

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No. No quería llegar a verme así. Preferí endeudarme. Y, por eso, he centrado mis vistas a las consultas que tendré en menos de un mes (ya). Y digo consultas porque, alternativamente, he cogido una cita con un departamento de odontología de no sé qué Universidad, que, dicen, sin dejar de lado la profesionalidad, abarata mucho los precios. Todavía tengo el recuerdo de cuando, con diecinueve inocentes años, le hicimos caso a un bebedor voraz de nuestro barrio que proyectó todas sus fantasías en montar un negocio distinto en La Manga del Mar Menor: un bar de copas enorme con tiro al arco profesional. El proyecto duró lo que unos días de copeo y resaca incluida, y la pasta que íbamos a ver era ahora un suspiro, cuando fui a dar un trago a mi cerveza y el vaso chascó contra mi paleto más incisivo. Frente al espejo, me dio todo un mareo. Así volví a Madrid; de resaca, antes de tiempo, sin dinero y con esa horrible sonrisa. Ambas veces, encontré la ayuda de mis padres. Es una suerte que mi madre me pueda ayudar ahora, aunque más suerte sería que me subieran el sueldo, o que, puestos a pedir, me tocara la primitiva. El caso es que volveré a disfrutar de mi sonrisa.

3 comentarios:

Lena yau dijo...

Ojalá te toquen las dos cosas: el aumento de sueldo y la primitiva.

Cuando era pequeña, mudar las muelas, me llenaba de ansiedad.

Odiaba el hueco, el espacio vacío.

Cogía miga de pan, hacía una bolita comprimida y la colocaba en el espacio de la muela caída.

Eso de daba tranquilidad.

Hoy siguen incomodandome los vacíos.
Los lleno pero siempre con material equivocado.

Un beso y qie haya suerte con los números!

Abismo Ínfimo dijo...

Jajajaja... qué gracia lo de las migas!... a mí me suena eso... como lo de equivocarse al llenar los huecos.... jajaja

Anónimo dijo...

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